Historias nacidas en el consultorio, donde el dolor empieza a encontrar palabras.
Los textos que componen este libro nacen en una frontera, un borde inestable. No son transcripciones ni reconstrucciones de casos, pero tampoco se alejan por completo de la experiencia que los inspira. Se sitúan en un territorio intermedio, donde la ficción no funciona como disfraz, sino como una forma de acceso a una versión posible de la experiencia. Los personajes que se van presentando nos traen relatos fragmentarios, pedazos de vida, donde campean regiones mudas y otras insisten en gritar.
Es con estos gritos y silencios que el narrador compondrá una melodía, un espacio que hace posible habitar con el otro, ese que algunas veces llega muy roto y, otras, acude con un discurso en el que se narra en un mundo perfecto, aproblemático, que se espeja en el vacío.
Algún personaje se presenta a sí mismo como la letra escrita por la esposa; hay quien apela a los golpes; otro, en cambio, se vuelve una queja repetida. Luego, en el espacio compartido, en esa melodía ensamblada con el terapeuta, van encontrando palabras para contar su propia historia.




