El lector se encuentra ante un libro conmovedor. No se trata de un manual de botánica ni de un inventario de plantas y flores, sino de algo mucho más útil y significativo: en estas páginas el autor vuelca todo su conocimiento y experiencia con la convicción profunda de que el cambio es posible.
Hay aquí recetas y consejos para cuidar la huerta familiar —en el fondo de la casa, en la azotea o en el alféizar de una ventana— y mucha información sobre las principales plantas que podemos cultivar; pero, sobre todo, lo que se respira en estas páginas es un profundo amor y respeto por la naturaleza.
A través de un relato muy personal, Ventre nos enseña a planificar y armar una huerta a la medida de nuestras posibilidades, y nos alienta, con un optimismo contagioso, a construir comunidad mediante huertas colectivas, recuperando terrenos baldíos y cualquier parcelita de tierra en desuso. Porque para plantar no hace falta tener campo, sino voluntad y ganas de comer y vivir de forma sana.
En épocas de agua y aire contaminados, de tierra y frutos con residuos de agrotóxicos, apostar a la huerta orgánica y creer en la posibilidad de recuperar la autonomía alimentaria es un acto de inmenso valor. Este libro quiere ser el catalizador de un cambio de perspectiva: cuando plantamos nuestros propios alimentos estamos un paso más cerca de un futuro mejor.




