Tras la muerte de su padre, un curtidor de Nuevo París, un hijo empieza a revisar fotografías, papeles, recuerdos y silencios. Lo que parecía una búsqueda íntima pronto se convierte en una investigación mucho más extraña: tecnologías obsoletas, archivos recuperados, testimonios contradictorios, viajes, documentos y pistas que abren zonas desconocidas de una vida aparentemente común.
El muchacho de las pieles convierte la memoria familiar en un campo de investigación. Diego Recoba cruza novela, archivo, ensayo, crónica y ficción especulativa para reconstruir no solo a un padre, sino también un oficio y un territorio: las curtiembres del oeste de Montevideo, los cuerpos expuestos a sustancias tóxicas, los barrios levantados alrededor de industrias que prometieron progreso y dejaron marcas duraderas.
Con humor, ternura, irreverencia y una prosa de gran libertad formal, Recoba pregunta qué heredamos realmente de nuestros padres, cuánto de una vida puede reconstruirse y qué ocurre cuando los documentos no alcanzan. Una novela sobre la piel como frontera y archivo; sobre trabajo, clase, contaminación, imaginación y afecto; y sobre el derecho de los muertos a conservar también sus zonas en blanco.




